Primero Dios, con Gerardo Farías
Primero Dios, con Gerardo Farías
Oseas 14 - Restauración Final
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Dios hace las más lindas y solemnes promesas a su pueblo. Estaban destinadas para el futuro; es decir, para cuando volvieran del cautiverio. Dios promete sanarlos, y bendecirlos en abundancia. Dios promete devolverles su gloria, su fama y su prosperidad. Pero hay una condición para todas estas bendiciones: el pueblo debía volverse al Señor de todo corazón. Debía de una vez por todas dejar sus ídolos. Un cambio así solo podía lograrse a través del castigo. Solo en el dolor de haber perdido todo; solo en la soledad, en el sufrimiento, y en el silencio de la lejanía de su patria, es que el pueblo reflexionaría, y se daría cuenta de la inutilidad de sus ídolos. Solo allá se darían cuenta de su necedad, y entonces decidirían volver al Señor. Al igual que el hijo pródigo, que solo volvió en sí cuando tenía hambre y se había quedado sin amigos. A veces el dolor tiene la capacidad de ser nuestro mejor maestro: espero que todos nosotros entendamos que nuestra única felicidad y prosperidad consiste en seguir y obedecer al Señor. Lejos de Él, no hay nada. Que el Señor te bendiga.