Primero Dios, con Gerardo Farías
Primero Dios, con Gerardo Farías
ZACARÍAS 14 - EL TRIUNFO FINAL DE DIOS
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Zacarías 14 presenta un escenario de crisis. Jerusalén es atacada, la ciudad sufre, el pueblo parece derrotado. El texto no maquilla la realidad. Hay violencia, pérdida y angustia. Esto es importante: la Biblia no vende una fe infantil donde el pueblo de Dios nunca sufre. Eso sería falso. El pueblo de Dios puede pasar por momentos oscuros, incluso momentos donde parece que el mal avanza sin freno. Pero el capítulo cambia radicalmente con una frase poderosa: “Después saldrá Jehová y peleará contra aquellas naciones”. Ese es el punto de quiebre. No es Jerusalén la que se salva a sí misma. No es el pueblo el que, con su fuerza, logra vencer. Es Dios quien interviene. Aquí hay una lección seria: la fe no consiste en negar la crisis, sino en saber quién tiene la última palabra dentro de la crisis. El primer mensaje de Zacarías 14 es este: Dios no siempre evita la batalla, pero sí promete intervenir en el momento decisivo. A veces queremos una fe que nos libre de todo conflicto. Queremos que Dios impida cada dolor, cada ataque, cada pérdida. Pero la Escritura muestra algo más profundo: Dios muchas veces permite que el conflicto revele quiénes somos, dónde está nuestra confianza y qué tan real es nuestra esperanza. La pregunta no es solo: “¿Por qué estoy pasando por esto?” La pregunta más fuerte es: “¿A quién pertenezco mientras paso por esto?” Luego el capítulo presenta una imagen poderosa: los pies del Señor se posan sobre el Monte de los Olivos. Esta escena apunta a la intervención visible, soberana y gloriosa de Dios. Para una lectura cristiana, especialmente a la luz del Nuevo Testamento, esta imagen nos recuerda la esperanza de la venida de Cristo. El mismo Monte de los Olivos está asociado con la ascensión de Jesús y con la promesa de su regreso. La segunda enseñanza es clara: la historia no terminará en manos de los imperios, sino en manos de Cristo. Esto golpea directamente nuestra manera de vivir. Si Cristo viene, entonces no podemos vivir como si este mundo fuera definitivo. No podemos construir nuestra vida solo sobre seguridad económica, prestigio, comodidad o control. Todo eso es frágil. Zacarías 14 nos obliga a mirar más lejos: viene un día en que Dios corregirá lo que está torcido, juzgará lo que es injusto y establecerá su reino. Pero el capítulo no termina solo con victoria militar o liberación política. Termina con adoración. Las naciones que sobreviven suben a Jerusalén para adorar al Rey, Jehová de los ejércitos. La meta final no es simplemente que Dios destruya enemigos. La meta final es que Dios sea reconocido como Rey. Por eso el texto dice: “Y Jehová será rey sobre toda la tierra”. Ese es el corazón del capítulo. La tercera enseñanza es esta: el propósito final de Dios no es solo salvarnos del peligro, sino llevarnos a una vida de adoración y santidad. Zacarías 14 termina con una frase impresionante: aun las cosas comunes serán consagradas al Señor. Las campanillas de los caballos llevarán escrito: “Santidad a Jehová”. Eso significa que la santidad ya no estará limitada al templo o a ciertos objetos religiosos. Todo será de Dios. Todo estará bajo su gobierno. Todo será santo. Aquí hay una aplicación incómoda: muchos quieren que Dios los salve, pero no quieren que Dios reine sobre todo. Quieren protección, pero no señorío. Quieren bendición, pero no santidad. Quieren promesas, pero no entrega. Zacarías 14 destruye esa religión cómoda. El Dios que salva es también el Dios que reina. Y si reina, entonces no puede ocupar solo una parte decorativa de nuestra vida. Debe gobernar nuestras decisiones, palabras, prioridades, relaciones, dinero, tiempo y carácter. Permite que el Señor sea quien reine en tu vida hoy. Adóralo con todo tu ser, y que permite que Él sea nuestra única esperanza. Que el Señor te bendiga.