Primero Dios, con Gerardo Farías
Primero Dios, con Gerardo Farías
MALAQUÍAS 3 - CUANDO EL HOMBRE PIENSA QUE SERVIR A DIOS ES INÚTIL
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“¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado” Malaquías 3:8.
Este texto suele incomodar, y debe incomodar. No porque Dios necesite nuestro dinero, sino porque nuestro dinero revela nuestro corazón. El problema del diezmo no era contable; era espiritual. Retener lo que pertenecía a Dios mostraba desconfianza, egoísmo y falta de reverencia. El pueblo quería la bendición del pacto mientras ignoraba las responsabilidades del pacto. La pregunta que debemos hacernos es esta: ¿quiero que Dios gobierne cada aspecto de mi vida? Dios no pide una parte porque sea pobre; pide fidelidad porque Él es Señor. El diezmo y las ofrendas no compran el favor de Dios. No son soborno espiritual. Son una confesión práctica: “Señor, todo viene de ti, y yo no soy dueño absoluto de nada”. Dios entonces hace una invitación sorprendente: “Probadme ahora en esto… si no os abriré las ventanas de los cielos” Malaquías 3:10. No es una licencia para la codicia. No significa: “Dale a Dios para hacerte rico”. Esa interpretación es pobre y peligrosa. El punto no es manipular a Dios para recibir más. El punto es confiar en Dios lo suficiente como para obedecerle incluso cuando hacerlo parece arriesgado. La fidelidad financiera no es una técnica de prosperidad; es una prueba de confianza. Luego el capítulo cambia de tono. Algunos hablaban contra Dios diciendo: “Por demás es servir a Dios”. En otras palabras: “No vale la pena ser fiel. Los malos prosperan. Los soberbios viven mejor. ¿Para qué obedecer?” Ese razonamiento sigue vivo hoy. Muchos miran al mundo y concluyen: “Los que no temen a Dios parecen avanzar más rápido. Los que mienten ganan. Los que negocian con la conciencia prosperan. Los que obedecen pierden.Dios no niega que esa tensión exista. Pero muestra otra realidad: había un grupo distinto, un remanente fiel. “Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó” Malaquías 3:16. Esta escena es preciosa. En medio de una generación cínica, había personas que todavía temían a Dios. No tenían todos los aplausos. No parecían dominar el sistema. Tal vez no eran mayoría. Pero Dios los escuchaba. Sus conversaciones fieles no eran invisibles. Sus decisiones discretas no eran olvidadas. Y Dios dice que fueron escritos en un libro de memoria delante de Él. Esto es profundamente poderoso: el cielo registra la fidelidad que la tierra ignora. Nadie puede verte resistiendo la tentación, pero Dios lo ve. Nadie puede aplaudir tu obediencia silenciosa, pero Dios la recuerda. Nadie puede valorar tu integridad cuando pierdes oportunidades por no vender tu conciencia, pero Dios toma nota. Que Dios permita en su misericordia, que tú nombre y el mío estén anotados en sus libros. Que el Señor te bendiga.