Primero Dios, con Gerardo Farías

MATEO 16 - LA PREGUNTA MÁS IMPORTANTE DE TODA LA BIBLIA

Gerardo

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Jesús les hizo a sus discípulos dos preguntas; pero la segunda es la más importante de toda la Biblia. Primero les preguntó: ¿Que dice la gente acerca de mí? Y enseguida preguntó: ¿Y que dicen ustedes que soy yo? La pregunta del Señor sigue atravesando los siglos: “¿Quién soy yo para ustedes?” Allí se revela si la fe es prestada o nacida de una convicción viva. Pedro confiesa: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, y en esa confesión se levanta la iglesia, no sobre la fuerza humana, sino sobre la revelación del Padre y la autoridad del Hijo. Jesús no fue simplemente un buen maestro. No fue solamente un profeta. Jesús es el prometido, el Mesías, el Hijo de Dios. Jesús es todo. 

Pero el mismo capítulo muestra una verdad preocupante: se puede confesar correctamente a Cristo y, aun así, resistir el camino de la cruz. Pedro reconoció al Mesías, pero rechazó el sufrimiento. Quería un Cristo glorioso sin padecimiento, una corona sin cruz, un reino sin calvario. Por eso Jesús lo reprende con severidad: porque todo pensamiento que intenta apartar al Señor de la obediencia al Padre no viene de arriba, sino de los intereses del hombre. Si no somos cuidadosos, podemos en un momento ser instrumentos en las manos de Dios; y al otro, instrumento de Satanás.

El llamado de Jesús es claro: “Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. La vida cristiana no consiste en usar a Cristo para conservar la propia vida, sino en perder la vida por causa de Él. El que quiera guardar su vida para sí mismo, en realidad estará perdiendo la vida eterna; el que le entrega su vida al Señor, incluso hasta la muerte, habrá encontrado la vida eterna. Hoy la pregunta no es solo qué dices de Cristo, sino si estás dispuesto a seguirlo por el camino que Él trazó. Reconócelo como el Hijo del Dios viviente, toma tu cruz, y síguelo hasta el final. Que el Señor te bendiga.