Primero Dios, con Gerardo Farías

MATEO 20 - LOS ÚLTIMOS SERÁN LOS PRIMEROS

Gerardo

Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.

0:00 | 8:38

Al acercarnos a los últimos capítulos de Mateo sobre la vida, obras, y enseñanzas de Jesús, vemos que aún Él tiene lecciones que darnos sobre la verdaera naturaleza del Reino de los cielos: Jesús nos enseña que su Reino es muy diferente a cómo operan los reinos terrenales. En su Reino la gracia no se reparte según los cálculos humanos, sino según la bondad soberana del Señor. En la parábola de los obreros de la viña, algunos trabajaron desde temprano y otros llegaron casi al final del día. Sin embargo, el dueño de la viña decidió pagar a todos por igual. Para los primeros, aquello pareció injusto; para los últimos, fue misericordia inmerecida. El problema no estaba en la paga, sino en el corazón que no podía alegrarse cuando otro recibía gracia.

Cuando Jesús dice: “los últimos serán primeros, y los primeros, últimos”, no está exaltando la mediocridad ni despreciando la fidelidad. Está destruyendo el orgullo religioso. Nadie entra al Reino presentando méritos delante de Dios. El que llegó temprano no puede jactarse, porque fue llamado por gracia. El que llegó tarde no debe desesperar, porque también fue recibido por gracia. La viña pertenece al Señor, el llamado viene del Señor, y la recompensa descansa en la bondad del Señor. El Reino no funciona como una escalera de prestigio, sino como una mesa donde todos dependen de la misericordia divina.

Esta palabra confronta especialmente al corazón que se compara. El alma que vive midiendo cuánto ha hecho, cuánto ha sufrido, cuánto ha servido, y cuánto merece, todavía no ha entendido la profundidad del evangelio. Dios no es injusto por ser generoso con otros. La bendición ajena no disminuye la fidelidad divina hacia nosotros. El obrero resentido revela algo grave: puede estar trabajando en la viña, pero sin conocer realmente el corazón del Dueño de la viña.

Por eso, “los últimos serán los primeros” es una advertencia y una esperanza. Es advertencia para quienes creen que su antigüedad, servicio, conocimiento o sacrificio los hace superiores delante de Dios. Pero es esperanza para los cansados, los tardíos, los quebrantados, los que sienten que ya llegaron demasiado tarde. El Señor todavía llama. Todavía recibe. Todavía da más de lo que merecemos. Y cuando Él abre la puerta, nadie tiene derecho a cerrarla con su envidia.

Hoy Cristo nos llama a servir sin orgullo, a recibir sin pretensión y a alegrarnos cuando la gracia alcanza a otros. Que el Señor libre nuestro corazón de la comparación amarga y nos enseñe a mirar su bondad con gratitud. Porque en el Reino, el primero no es el que más presume haber hecho, sino el que más profundamente ha entendido que todo lo recibió por gracia. Que el Señor te bendiga.