Primero Dios, con Gerardo Farías

MATEO 23 - CUIDADO CON UNA RELIGIÓN DE APARIENCIAS

Gerardo

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En el capítulo de hoy encontramos a Jesús dando una palabra dura contra la religión que se viste de santidad, pero ha perdido el corazón de Dios. Los escribas y fariseos conocían la Ley, enseñaban las Escrituras y ocupaban lugares de honor; sin embargo, el Señor desenmascara una tragedia espiritual: podían hablar de Dios sin parecerse a Dios. Su problema no era la falta de religión, sino una religión deformada por el orgullo, la apariencia y la dureza del corazón.

Jesús no condena la obediencia, ni la reverencia, ni el celo por la verdad. Lo que Jesús condena es la obediencia usada como máscara; la verdad usada como arma; la piedad usada para ganar prestigio. “Dicen, y no hacen” es una de las acusaciones más severas del pasaje. Porque delante de Dios, la vida contradicha por nuestras propias palabras se convierte en testimonio contra nosotros.

El Señor menciona lo que ellos habían descuidado: “la justicia, la misericordia y la fe”. Ahí está el centro. Una fe sin misericordia se vuelve fría. Una doctrina sin justicia se vuelve hipócrita. Una religión sin humildad se vuelve insoportable. Jesús no está llamando a abandonar la santidad, sino a limpiarla de la vanidad. No pide menos obediencia, sino una obediencia que nazca de un corazón rendido.

Este discurso de Jesús también nos obliga a dejar de mirar solo a los fariseos como si fueran personajes antiguos. El texto nos pone frente al espejo. Podemos predicar lo correcto y vivir lo contrario. Podemos corregir a otros y no permitir que Dios nos corrija a nosotros mismos. Podemos defender la verdad y, al mismo tiempo, perder el espíritu de Cristo. Esa es la advertencia: no basta parecer cercano a Dios; hay que ser quebrantado por su presencia. Que el Señor nos ayude a amar a Dios de todo corazón, y buscar agradarlo únicamente a Él, y no a nosotros mismos; y a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Que el Señor te bendiga.