Primero Dios, con Gerardo Farías

MATEO 24 - SEÑALES DEL REGRESO DE JESÚS

Gerardo

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El sermón desde el Monte de los Olivos, es de carácter apocalíptico - es decir, habla del tiempo del fin. Imagina a Jesús sentado en ese lugar, mirando hacia la antigua ciudad de Jerusalén, anunciando que aun las piedras del templo serían derribadas. Los discípulos quedaron impresionados por la grandeza del edificio; Cristo, en cambio, les mostró la fragilidad de todo lo que el hombre considera seguro. El templo parecía inconmovible, pero no lo era. Así también ocurre con nuestras certezas: naciones, economías, instituciones, planes humanos y aun estructuras religiosas pueden parecer firmes, pero todo lo que no está fundado en la palabra de Cristo está destinado a estremecerse.

El Señor no dio esta profecía para alimentar curiosidad, miedo o especulación sensacionalista. El Señor no nos dio este sermón para nosotros vivamos pendientes de los titulares, sino para que aprendamos a discernir los tiempos en los que estamos viviendo. Jesús habló de guerras, hambres, terremotos, engaños, falsos cristos, persecución y enfriamiento del amor. Pero en medio de todo eso no dijo: “Entren en pánico”, sino: “Mirad que nadie os engañe” y “el que persevere hasta el fin, éste será salvo”. El peligro más grande no es solamente el caos externo, sino la confusión interna; no solo el mundo que se desmorona, sino el corazón que se enfría.

Cristo advirtió que “por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará”. Esta frase golpea con fuerza, porque revela que el último gran peligro no será únicamente la apostasía doctrinal, sino la pérdida del amor santo: una fe correcta, pero sin fuego; una religión activa, pero sin compasión; una espera profética, pero sin obediencia viva. Cuando la maldad abunda, muchos se endurecen, otros se distraen, y otros se acomodan. Pero el discípulo verdadero no se deja arrastrar por la corriente. Permanece. Vela. Ora. Sirve. Guarda la fe cuando la mayoría negocia la fidelidad.

Jesús también dijo: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”. La señal central no es el miedo, sino la misión. No debemos estudiar las profecías para escapar de la responsabilidad, sino para vivir con urgencia santa. El fin no llama al aislamiento egoísta, sino al testimonio. Mientras el mundo se sigue llenando de tinieblas, el pueblo de Dios debe proclamar con más claridad que Cristo reina, que su gracia salva, que su juicio es verdadero y que su venida está cerca. Que el Señor te bendiga.