Primero Dios, con Gerardo Farías

MATEO 26 - LA ÚLTIMA CENA Y EL ARRESTO DE JESÚS

Gerardo

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En este capítulo vemos cómo comienza el sufrimiento de Jesús por los pecadores. Este relato nos lleva al lugar donde la fe deja de ser teoría. Jesús entra en Getsemaní sabiendo que la cruz está cerca, y allí no aparece como un héroe insensible, sino como el Hijo obediente que carga con una angustia real: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte”. La escena destruye una idea superficial de la espiritualidad: estar cerca de Dios no significa no sufrir; significa someter el sufrimiento a la voluntad del Padre.

Los discípulos, en cambio, revelan la fragilidad humana. Prometen fidelidad, pero duermen. Pedro asegura que nunca negará al Maestro, pero termina quebrándose ante una criada. Judas entrega a Jesús con un beso, y por solo 30 monedas de plata, mostrando que la cercanía externa no siempre prueba lealtad interna. Pero también aquí encontramos a una mujer, que entregó un perfume muy costoso, para ungir a Jesús. Mientras sus propios discípulos pensaban que era un derroche, ella entendió que Jesús, como Rey y Señor, era digno de la mayor adoración. 

Pero el centro del capítulo no es la debilidad de los hombres, sino la obediencia de Cristo. Mientras todos fallan, Él permanece. Mientras sus amigos duermen, Él vela. Mientras Pedro niega, Él confiesa. Mientras Judas vende, Él se entrega voluntariamente. Su oración —“no sea como yo quiero, sino como tú”— es la máxima expresión de una sumisión completa a la voluntad del Padre Celestial.

El llamado es claro: no confíes demasiado en tu propia fuerza. La carne promete más de lo que puede cumplir. Vela y ora. Examina tu lealtad. No sigas a Cristo solo de palabra, ni de lejos, ni por costumbre. Entra con Él en Getsemaní, dobla tu voluntad ante el Padre, y permite que la obediencia de Cristo quebrante tu orgullo y sostenga tu fe. Que el Señor te bendiga.