Primero Dios, con Gerardo Farías
Primero Dios, con Gerardo Farías
Marcos 6 - Juan el Bautista es decapitado
Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.
El capítulo de hoy nos muestra tres escenas duras: Jesús rechazado en Nazaret, los apóstoles enviados en misión, y la decapitación de Juan el Bautista por decir la verdad.
Jesús llega a Nazaret, el lugar donde creció. La gente lo escucha y se asombra, pero no cree. En vez de reconocer la obra de Dios, preguntan con desprecio: “¿No es este el carpintero?” Lo conocían, pero no lo recibieron. Tenían familiaridad con Jesús, pero no fe en Jesús. Este es un peligro real: acostumbrarnos tanto a lo sagrado que dejamos de ser transformados por ello. Podemos conocer la Biblia, asistir a la iglesia y hablar de Dios, pero seguir resistiendo su voz cuando nos confronta. Nazaret no rechazó a Jesús por falta de evidencia, sino por dureza de corazón.
Después de ese rechazo, Jesús envía a los doce. Esto es importante: la incredulidad de algunos no detiene la misión de Dios. Los discípulos salen de dos en dos, con autoridad, pero con pocos recursos. Jesús les enseña que la misión no depende primero de lo que llevan en la mano, sino de Aquel que los envía. Nosotros queremos seguridad antes de obedecer. Jesús pide obediencia antes de tenerlo todo resuelto. La fe no espera condiciones perfectas; responde al llamado de Cristo.
Luego aparece la muerte de Juan el Bautista. Juan confrontó el pecado de Herodes, y eso le costó la vida. Herodes escuchaba a Juan, incluso lo respetaba, pero nunca se rindió a la verdad. Prefirió proteger su imagen antes que obedecer a Dios. Ese es un retrato peligroso: sentirse tocado por la Palabra, pero no transformado por ella. Admirar la verdad, pero no obedecerla. Herodes tenía poder, pero fue esclavo de su orgullo y de la opinión de los demás.
El capítulo de hoy no lleva a preguntarnos: ¿somos como Nazaret, cerca de Jesús pero cerrados a su autoridad? ¿Somos como Herodes, inquietos por la verdad pero sin valor para obedecerla? ¿O somos como los discípulos y como Juan, dispuestos a servir y ser fieles aunque haya rechazo? El llamado es claro: no endurezcas el corazón. No negocies con la verdad. No esperes tener todo para obedecer. Y no confundas rechazo con fracaso. Porque la fidelidad a Dios no siempre recibe aplausos, pero siempre tiene valor eterno. El siervo de Dios no vive para ser aceptado por sus amigos, familiares, o por la aceptación de poderosos y gobernantes. Vive para ser fiel al Cristo Jesús, el único Rey del universo. Que el Señor te bendiga.