Primero Dios, con Gerardo Farías

Marcos 8 - El costo de seguir a Jesús

Gerardo

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En el capítulo de hoy encontraremos dos peligros espirituales muy serios: la hipocresía religiosa y el discipulado barato.

Jesús advierte a sus discípulos: “Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes”. La levadura trabaja en silencio, pero termina afectándolo todo. Así también la hipocresía. No siempre comienza con una gran mentira, sino con pequeñas apariencias: parecer fiel sin ser transformado, hablar de Dios sin obedecerlo, defender la verdad sin vivirla. Los fariseos pedían señales, pero no porque buscaran creer. Querían controlar a Jesús, examinarlo desde su orgullo, obligarlo a probar lo que sus corazones ya habían decidido rechazar. Ese es el rostro más peligroso de la religión: cuando alguien exige señales de Dios; pero no está dispuesto a rendirse ante Dios.

Pero Marcos 8 no se queda allí. Jesús lleva a sus discípulos al centro del evangelio: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame”. Seguir a Cristo no es simplemente admirarlo, hablar de Él o recibir sus milagros. Seguir a Cristo cuesta el yo. Cuesta el orgullo. Cuesta la comodidad. Cuesta la necesidad de ser aprobado por todos. Pedro quería un Cristo sin cruz. Muchos hoy quieren lo mismo: bendición sin obediencia, perdón sin arrepentimiento, cristianismo sin renuncia. Pero Jesús fue directo: quien quiera salvar su vida, la perderá; y quien pierda su vida por causa de Él y del evangelio, la salvará. La pregunta de Jesús no es si parecemos creyentes. La pregunta es si estamos dispuestos a seguir a Jesús cuando el camino deja de ser popular, cómodo o conveniente. Porque la hipocresía protege la imagen. La cruz destruye el ego. Y solo quien se atreve a perderlo todo por Cristo descubre que en Él lo gana todo. Que el Señor te bendiga.