Primero Dios, con Gerardo Farías

MARCOS 15 - EL JUICIO Y LA CRUCIFIXIÓN DE JESÚS

Gerardo

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En el capítulo de hoy leemos sobre una de las escenas más oscuras del evangelio. El Hijo de Dios está de pie ante Pilato, acusado injustamente, mientras la multitud grita: “¡Crucifícale!” El mismo pueblo que había recibido sus enseñanzas, visto sus milagros y escuchado sus palabras de vida, ahora lo rechaza. No piden libertad para el inocente; piden libertad para Barrabás, el asesino.

Luego vienen las burlas. Los soldados lo visten de púrpura, le ponen una corona de espinas y comienzan a saludarlo con desprecio: “¡Salve, Rey de los judíos!” Se arrodillan, no para adorarlo, sino para humillarlo. Lo golpean, lo escupen y lo tratan como un rey ridículo. Pero la ironía es brutal: mientras se burlan de Él, están diciendo la verdad. Jesús sí es Rey. No un rey como los hombres esperaban, sino un Rey que vence entregándose.

Su sufrimiento no fue solo físico. Fue rechazado por su pueblo, condenado por las autoridades, burlado por los soldados, insultado por los que pasaban y abandonado en la cruz. La corona de espinas revela hasta dónde llegó la maldad humana; pero también revela hasta dónde llegó el amor de Dios.

Jesús no bajó de la cruz para salvarse a sí mismo, porque había subido a la cruz para salvarnos a nosotros. Allí, el Rey de los judíos cargó la vergüenza, el pecado y la condenación del mundo. Su trono fue una cruz; su corona, espinas; su gloria, obediencia; su victoria, sacrificio.

El capítulo de hoy nos obliga a mirar de frente nuestra propia respuesta ante Cristo. La multitud lo rechazó. Los soldados se burlaron. Los líderes lo despreciaron. Pero la pregunta sigue abierta: ¿qué haremos nosotros con Jesús?

No basta llamarlo Rey con los labios. Si es Rey, debe reinar en nuestra vida. Si murió por nosotros, no podemos vivir como si su sacrificio fuera algo común. El Rey rechazado sigue siendo el Salvador del mundo. Y en su sufrimiento encontramos perdón, esperanza, sanidad y vida eterna. Que el Señor te bendiga.