Primero Dios, con Gerardo Farías

LUCAS 1 - PARA DIOS NO HAY NADA IMPOSIBLE

Gerardo

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El evangelio de Lucas nos presenta dos escenas marcadas por la intervención soberana de Dios: el anuncio del nacimiento de Juan el Bautista y la elección de María como madre del Mesías. En ambos casos, Dios irrumpe en la historia humana, no escogiendo lo fuerte, lo visible o lo esperado, sino lo humilde, lo imposible y lo aparentemente silencioso.

Zacarías y Elisabet eran ancianos, justos delante de Dios, pero cargaban con una herida profunda: no tenían hijos. Para muchos, su historia parecía cerrada. Pero Dios no había terminado con ellos. En el tiempo señalado, el Señor anunció el nacimiento de Juan, un niño llamado a preparar el camino del Señor. Esto nos enseña algo claro: las demoras de Dios no son olvidos. El silencio de Dios no significa ausencia. A veces, el Señor espera el momento exacto para mostrar que la obra es suya y no nuestra.

Luego aparece María, una joven sencilla de Nazaret, un lugar sin prestigio ni grandeza. Sin embargo, sobre ella cae una elección inmensa: llevar en su vientre al Hijo de Dios. María no entiende todos los detalles, pero responde con fe: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra”. Esa respuesta no fue sentimentalismo; fue una entrega total. María aceptó la voluntad de Dios aunque implicaba riesgo, incomprensión y sacrificio.

Lucas nos confronta con una verdad poderosa: Dios sigue escogiendo instrumentos débiles para cumplir propósitos eternos. Juan nacería para preparar el camino. María sería escogida para recibir al Salvador. Ambos relatos nos recuerdan que cuando Dios llama, Él también sostiene; cuando Dios promete, Él cumple; y cuando Dios escoge, no mira como mira el hombre.

Hoy el Señor también busca corazones disponibles. No necesita personas perfectas, sino personas que crean en su poder y en su dirección. Dios no necesita grandeza humana, sino fe obediente. Que nuestra respuesta sea como la de María, y nuestra confianza como la de Elisabet: creer que ninguna palabra de Dios fallará. Que el Señor te bendiga.