Primero Dios, con Gerardo Farías

JUAN 21 - LA RESTITUCIÓN DEL ÁPOSTOL PEDRO

Gerardo

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El evangelio de Juan termina con una de las escenas más hermosas de la gracia. Pedro había prometido que jamás abandonaría a Jesús, pero terminó negándolo tres veces. Su fracaso fue público, doloroso y profundo. Sin embargo, Jesús no lo desecha. A la orilla del mar, Cristo le pregunta tres veces: “¿Me amas?”. No porque necesitara información, sino porque estaba restaurando aquello que Pedro había quebrado. Y después de cada respuesta, Jesús le entrega nuevamente una misión: “Apacienta mis ovejas”.  Aquí está lo extraordinario: Pedro no vuelve al ministerio porque haya demostrado ser suficientemente fuerte, fiel o digno. Vuelve porque Cristo es misericordioso. El mismo hombre que había negado conocer a Jesús ahora recibe de Jesús la responsabilidad de cuidar su rebaño. Pedro ya no era el mismo. Antes había sido soberbio, autosuficiente, y había despreciado a sus compañeros. Se creía el más fuerte. Pero ahora era humilde. Finalmente había entendido su fragilidad y sus flaquezas. Ahora Pedro era humilde, y estaba listo para ser un verdadero pastor. La gracia no ignora nuestro pecado, pero tampoco permite que nuestro peor fracaso tenga la última palabra. Cristo no solamente perdona a Pedro; lo restaura, vuelve a confiarle una misión y lo llama nuevamente a seguirlo. Este capítulo de Juan nos recuerda que nadie pastorea el rebaño de Cristo por mérito propio. Todo verdadero ministerio comienza y continúa únicamente por gracia. Somos pecadores perdonados, llamados a cuidar ovejas que tampoco nos pertenecen. Son de Cristo. Y después de todo el fracaso, la invitación sigue siendo la misma: “Sígueme”. Que el Señor te bendiga.