Primero Dios, con Gerardo Farías
Primero Dios, con Gerardo Farías
HECHOS 5 - LA MUERTE DE ANANÍAS Y SAFIRA
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El capítulo de hoy nos presenta dos escenas muy distintas, pero unidas por una misma verdad: Dios toma en serio la integridad de su iglesia y la fidelidad de quienes lo representan. Ananías y Safira no murieron simplemente porque retuvieron una parte del dinero de la venta de su propiedad. Pedro deja claro que el problema fue la mentira y la hipocresía. Ellos quisieron aparentar una consagración que realmente no tenían. Pedro le dice a Ananías: “No has mentido a los hombres, sino a Dios” (Hechos 5:4). El pecado no estuvo en conservar parte del dinero —era suyo y podían disponer de él—, sino en intentar engañar a la comunidad y, en última instancia, al Espíritu Santo. El relato es severo porque ocurre en un momento decisivo para la iglesia naciente. Mientras Dios estaba obrando poderosamente entre los creyentes, el enemigo intentaba introducir desde dentro aquello que podía destruir la comunidad: falsedad, apariencia espiritual e hipocresía. Hechos 5 nos recuerda que Dios no busca una apariencia de santidad, sino corazones sinceros. Podemos engañar a las personas, pero nunca a Dios. Más adelante, los apóstoles enfrentan una presión completamente diferente. Las autoridades religiosas les habían prohibido enseñar en el nombre de Jesús. Sin embargo, cuando son confrontados nuevamente, Pedro y los demás responden con una declaración extraordinaria: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). No responden con arrogancia ni con violencia, pero tampoco negocian su fidelidad. Para ellos, la autoridad humana tenía un límite muy claro: cuando una orden humana contradice directamente el mandato de Dios, la obediencia a Dios tiene prioridad. Y entonces hacen algo todavía más notable: frente a quienes intentaban silenciarlos, vuelven a predicarles acerca de Jesús. Hablan de su muerte, de su resurrección y de la exaltación que Dios le dio como “Príncipe y Salvador” (Hechos 5:30-31). Las amenazas no cambiaron su mensaje. Ese es probablemente uno de los grandes desafíos de Hechos 5 para nosotros: tener la integridad que faltó en Ananías y Safira, y al mismo tiempo tener el valor que mostraron los apóstoles. Una iglesia poderosa no es solamente una iglesia que predica con valentía; es también una iglesia que vive con sinceridad delante de Dios. Nuestra oración hoy debería ser: “Señor, líbranos de aparentar lo que no somos, y danos el valor de obedecerte siempre, aún cuando hacerlo tenga un costo muy alto”. Que el Señor te bendiga.