Primero Dios, con Gerardo Farías
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HECHOS 9 - LA CONVERSIÓN DE SAULO DE TARSO
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En el capítulo de hoy encontramos una de las transformaciones más impactantes de toda la Biblia: Saulo salió de Jerusalén como perseguidor de la iglesia y terminó siendo perseguido por predicar a Cristo. Saulo estaba convencido de que estaba defendiendo la verdad. Hechos 9:1 dice que todavía “respiraba amenazas y muerte contra los discípulos del Señor”. Su celo religioso era intenso, pero estaba profundamente equivocado. Esto nos enseña algo muy importante: es posible tener convicción, pasión e incluso argumentos religiosos, y aun así estar luchando contra Dios. En el camino a Damasco, Jesús mismo lo confrontó: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 9:4). La pregunta es extraordinaria. Jesús no dijo: “¿Por qué persigues a mis discípulos?”, sino: “¿Por qué me persigues a mí?”. Cristo se identifica de tal manera con su iglesia que tocar a sus hijos es tocarlo a Él. Perseguir, despreciar o atacar a quienes pertenecen a Cristo no es solamente una agresión contra personas; Jesús lo recibe como algo dirigido contra Él mismo. Saulo cayó al suelo siendo perseguidor y se levantó convertido en discípulo. El hombre que iba a Damasco para arrestar cristianos comenzó, pocos días después, a predicar en las sinagogas “que Jesús era el Hijo de Dios” (Hechos 9:20). Pero hay un detalle todavía más poderoso: muy pronto, el perseguidor se convirtió en perseguido. Hechos 9:23 dice que los judíos comenzaron a planear su muerte. Saulo había cambiado. Antes causaba temor entre los creyentes; ahora debía escapar escondido en una canasta para salvar su vida. La conversión verdadera no consiste solamente en cambiar de opinión acerca de Jesús. Significa cambiar de Señor, de dirección y, muchas veces, también aceptar las consecuencias de seguirlo. Saulo descubrió que seguir a Cristo podía costarle aquello que antes consideraba seguridad, prestigio y reconocimiento. Pero había encontrado algo infinitamente mayor: a Jesús, el verdadero Mesías. Y allí está el desafío para nosotros. Tal vez nunca hemos perseguido físicamente a la iglesia como Saulo, pero debemos preguntarnos si nuestras palabras, actitudes o decisiones están hiriendo a aquellos por quienes Cristo murió. Porque Jesús todavía se identifica con su pueblo. Y al mismo tiempo, debemos estar dispuestos a vivir la transformación de Saulo: pasar de obstaculizar la obra de Dios a convertirnos en instrumentos para hacerla avanzar. El perseguidor se convirtió en predicador. El predicador terminó siendo perseguido. Pero desde aquel encuentro en el camino a Damasco, Saulo había comprendido algo que cambiaría toda su vida: cuando realmente tenemos un encuentro con Jesús, ya no podemos seguir caminando en la misma dirección. Que el Señor te bendiga.